23 abril 2010

Periodistas sin literatura

La facultad de ciencias de la comunicación de la UAB ha optado por eliminar las asignaturas relacionadas con la literatura de las carreras de Periodismo y Comunicación Audiovisual. Con la adaptación del plan de estudios a Bolonia, asignaturas como Periodismo especializado en literatura se han ido al garete y si ya eran pocas las horas dedicadas a invitar a leer, reflexionar y valorar a los grandes del oficio... ahora se las cargan.

Los estudiantes han reaccionado, organizados en un grupo de Facebook, y han creado un manifiesto que se puede consultar en el blog creado para la ocasión. Después del grito de alarma de dos profesores -Albert Chillón y David Vidal-, han sido los propios alumnos los que han tomado la iniciativa.

Para hacer públicas las protestas, aprovechando la mediática diada de Sant Jordi, han organizado una performance este mediodía a las 12 en plaza Catalunya. No podemos dejar que las nuevas generaciones de periodistas no sepan quién es Capote o Kapuscinski.

Copio el manifiesto hecho por el grupo de estudiantes:

Los estudiantes decimos NO
A LA SUPRESIÓN DE LAS MATERIAS LITERARIAS
EN LOS FUTUROS GRADOS DE
PERIODISMO I COMUNICACIÓN AUDIOVISUAL EN LA UAB

Los estudiantes de la Facultat de Ciències de la Comunicació de la Universitat Autònoma de Barcelona decimos NO a la supresión de las asignaturas sobre literatura en los próximos planes de estudios de los grados de Periodismo y Comunicación Audiovisual. La Comisión Gestora ha aprobado unos planes en los que desaparecen las materias de Periodismo y Literatura (del grado de Periodismo), Literatura y medios de comunicación audiovisual, y Literatura comparada (del grado de Comunicación Audiovisual).

Si no se rectificara, los dos grados perderían casi la totalidad del poco contenido de humanidades presente en los planes de estudio hasta ahora, hecho incomprensible en una facultad que aspira a formar COMUNICADORES. La literatura es, a veces, un arte, y eso parece no gustar en el ámbito académico. ¿No es importante para el periodista y para el comunicador audiovisual la narración coherente, el esmero en la descripción, la argumentación precisa y, ante todo, la creatividad? ¿No tenemos que saber reflexionar, analizar, observar, contemplar varios puntos de vista? La literatura es, a veces, un arte, i cuando lo es, acostumbra a caminar de la mano de todas estas virtudes que tanto necesita la profesión, no sólo en el panorama actual, sino de manera perpetua. Las humanidades son necesarias, también para los comunicadores.

Por si fuera poco, el daño también se ha hecho en las formas: el hermetismo de la Comisión Gestora ha sido solamente comparable a la inverosimilitud de sus decisiones. Así, el cambio de los nuevos planes de estudio dejaría en este ámbito más carencias que remedios para estudiantes –que perdemos uno más de los constituyentes de la pluralidad en la docencia-, profesores e investigadores que trabajan en la materia y, sobre todo, la propia facultad.

Por todo esto, decimos ¡basta!
Un compañero de facultad, Sergi, lo explica mucho mejor (y más literario, haciendo honor a lo que toca) en su blog.

15 diciembre 2009

¿Estudio Periodismo?

El otro día me explicaba mi madre que la hija de una amiga quiere estudiar Periodismo, y me preguntaba qué le podía decir a la pobre ingenua. Mi primera respuesta impulso ante esta situación siempre es la misma: "¡que estudie otra cosa!". Luego, pensándolo bien, reflexionas y quizás sea una de esas personas que tiene vocación (a veces dudo si existe) y que quizás le pase como a ti, que no te imaginas trabajando de otra cosa que no sea algo que tenga relación con la palabra comunicación. Si realmente es así, se meterá en una facultad a soportar estupideces durante cuatro o cinco años, hará amigos, aprenderá alguna cosa y se buscará la vida fuera, trabajando de gratis pero feliz. Y algún día -esperemos- sobrevivirá de ello.


Aún con esto reciente en mi memoria, llego vía Sergi Sabate al blog Doctoranda en construcción, en el que se escribe una carta a una joven aspirante a periodista. Y es entonces cuando pienso, para que voy a desanimar a la pobre chica, mejor le envío el post de Eva Jiménez.

Estimada M.:
El otro día me encontré con tus padres y me han dicho que quieres ser periodista cuando termines el Bachillerato. Me han dicho que te gustaría dar las noticias en algún periódico o telediario, explicarle a la gente lo que pasa en el mundo y darle criterios para que se forme su propia opinión.
Todo esto me parece realmente estupendo, pues no son pocos los que se acercan al periodismo con el deseo de alcanzar poder, fama o simplemente un buen sueldo cuando, para eso, lo mejor es meterse en política, meterse en la cama con algún famoso -perdona si hablo demasiado claro- o estudiar en alguna prestigiosa escuela de negocios. Sin embargo, déjame que te comente algunas cosas que me parece que debes tener en cuenta antes de tomar la decisión definitiva.
Ser periodista no es una “profesión” fácil -luego te explico las comillas-. Un periodista tiene que pensar muy rápido y escribir, editar o locutar más rápido aún. Y todo ello sin entender ni expresarse incorrectamente. Algunos te dirán que hay que estar a la última en tecnología, pero yo no me refiero a eso. La tecnología cambia continuamente y se aprende bastante rápido. Las habilidades cognitivas y expresivas a las que me refiero se aprenden con más lentitud, pero son más estables y se pueden aplicar a cualquier medio.
Lo que sí es cierto es que el paso del lenguaje analógico al digital ha multiplicado la cantidad de datos e informaciones, con lo que a estas capacidades, digamos tradicionales, has de sumar una buena capacidad de búsqueda, almacenamiento y selección.
Y, sin embargo, esto no es suficiente para considerarse un buen periodista. Has de ser valiente. Y me explico. El periodista sabe que todo el mundo quiere quedar bien delante del micrófono o de la cámara, que nadie quiere ser cuestionado ni mucho menos contradicho en sus afirmaciones. El periodista sabe que siempre nada a contracorriente y que eso requiere una gran energía, una gran convicción. Por eso, ha de ser un poco escéptico y muy crítico ante quienes les ofrecen informaciones aparentemente desinteresadas.
Y he aquí lo más importante, mi querida amida. Un periodista que se precie no puede perder de vista cuál es el sentido de su trabajo, porque éste es el que le da la fuerza para afrontar todos los obstáculos. ¿Y cuál es ese sentido, esa finalidad, ese objeto propio, ese bien específico, llámalo como quieras? Pues lo que les has dicho a tus padres. Tu misión es explicar lo que ocurre, no lo que otros dicen que ocurre, en los diferentes ámbitos de la sociedad.
Esto, que parece tan simple, es en realidad lo más difícil. Cuando empieces a trabajar, apenas tendrás tiempo para pensar. De hecho, otros ya habrán pensado antes por ti. Partidos políticos, empresas, instituciones y ciudadanos habrán diseñado una estrategia más o menos definida, más o menos planificada, para salir en los medios cuando quieran y como quieran. Los propietarios del medio para el que trabajes también tendrán unos objetivos, que transmitirán a tu director y éste, a su vez, a tus jefes inmediatos. Ojo, tener una estrategia no es bueno ni malo. Es lo más sensato. El problema viene cuando la estrategia sólo busca el interés propio, sin importar las consecuencias para el resto de los ciudadanos. Lo difícil es distinguirlas.
De hecho, al principio no percibes casi nada. Uno suele comenzar a “trabajar” -ahí van otras comillas, para después- en secciones o temas intrascendentes, se toma las indicaciones de sus jefes como consejos profesionales y no como orientaciones interesadas, todo le parece nuevo y digno de ser contado. Pero el tiempo pasa y uno va viendo que la agenda es apretada, que si quiere profundizar en algún tema ha de ser en su tiempo libre, que la empresa no quiere apostar por el periodismo de investigación… Y que prosperan profesionalmente las personas que son más fieles a los enfoques que dicta el director. Y puede que pierdas algo de energía, algo de curiosidad, algo de interés por verificar, por contrastar … Y puede llegar el día en que descubras que hace mucho tiempo que dejaste de pensar por ti misma y te limitaste a seguir la corriente. Justo lo que dijimos que un periodista no debía hacer, ¿recuerdas?
Mucha gente te dirá que las cosas están fatal, que con tantos licenciados y tanta precariedad, no está el horno para bollos. Ahora te explico las comillas. Todavía no tenemos claro cuál es nuestro papel como periodistas, al menos en España, que es lo que conozco un poco mejor. Nos llenamos la boca con que somos una profesión, pero la realidad es que todo vale y que se considera periodista a cualquiera que trabaja en un medio de comunicación. De hecho, también he de decírtelo, no es imprescindible cursar la carrera de Periodismo para ejercer como tal. Y los periodistas saben que, si no acatan las directrices que les mandan, cualquiera ocupará su lugar. En resumen, mi querida amiga, los periodistas españoles hace tiempo que dejaron de vivir el periodismo para sobrevivir en él.
Tranquila, no he terminado todavía. Yo creo que se puede hacer algo, que siempre se puede hacer algo o, al menos, que uno no puede quejarse y quedarse con los brazos cruzados. No es coherente. No es sano. Una persona que cree en una cosa y hace otra se está tirando piedras sobre su propio tejado que se manifiestan en mal humor, críticas destructivas, cinismo, resignación, depresión… Si, a pesar de todas las dificultades que te he comentado, sigues creyendo que hacen falta profesionales que se dediquen única y exclusivamente a explicar lo que pasa, entonces adelante con todas las consecuencias.
Cuando llegues a la Facultad, no te conformes con lo que te expliquen. Actúa como una profesional y ve siempre más allá de donde te deje el profesor. Deberás ser muy lista, muy ágil mentalmente y expresarte muy muy bien. Recuerda que tu única “arma” son las palabras -no hace falta que te explique las comillas, ¿verdad?-.
Cuando realices tus primeras prácticas o trabajos, párate a pensar en lo que tú piensas sobre el tema y, si no coincide con lo que dice tu superior, díselo, explícaselo, arguméntaselo. Con educación y respeto, pero díselo. Aquí aplicarás lo que aprendiste en la Facultad.
Cuando creas que el trabajo te impide profundizar en temas importantes, intenta convencer a tus jefes. Si no lo consigues después de varios intentos, has tocado techo y entonces has de unirte a otros profesionales para cambiar las estructuras.
No cambies de trabajo si no puedes, pero lucha por cambiar lo que no depende de ti. Asociáte a una asociación, colégiate en un colegio, afíliate a un sindicato, monta una red o haz lo que quieras, pero no te pares. Hay mucho trabajo por hacer. Es lo que tiene ser periodista. Nadamos contracorriente.

03 diciembre 2009

Manifiesto en defensa de los derechos fundamentales en internet

Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que…

  1. Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.
  2. La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.
  3. La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.
  4. La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.
  5. Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.
  6. Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.
  7. Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.
  8. Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.
  9. Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.
  10. En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia”. 
Este manifiesto en defensa de los derechos fundamentales en internet, elaborado de forma conjunta por varios autores, es de todos y de ninguno. Se ha publicado en multitud de sitios web. Si estás de acuerdo y quieres sumarte a él, difúndelo por Internet.

También está disponible en inglés, catalán, gallego y asturiano.

26 noviembre 2009

La dignidad de Catalunya

El otro día, un amigo me decía que eso del periodismo y el cuarto poder era ya historia. No seré yo ahora quién diga si tenía razón o no, pero lo que si es cierto es que hoy el periodismo ha ido por delante de la política.Una actitud que deberían haber tomado los partidos políticos hace ya tiempo, la han tenido que liderar la prensa escrita. La misma que dicen que se está muriendo.

Reproduzco en este blog, igual que lo están haciendo tantos otros - y en Twitter y Facebook también está dando que hablar-, el editorial publicado hoy de manera conjunta por 12 periódicos catalanes (La Vanguardia, El Periódico, Avui, El Punt, Diari de Girona, Diari de Tarragona, La Mañana, Segre, Regió 7, El 9 Nou, Diari de Sabadell y Diari de Terrassa). Posteriormente a su publicación lo han sucrito radios y televisiones catalanas, el Barça, el Espanyol, el Col·legi de Periodistes y diversas entidades de todo tipo.

Después de casi tres años de lenta deliberación y de continuos escarceos tácticos que han dañado su cohesión y han erosionado su prestigio, el Tribunal Constitucional puede estar a punto de emitir sentencia sobre el Estatut de Catalunya, promulgado el 20 de julio del 2006 por el jefe del Estado, rey Juan Carlos, con el siguiente encabezamiento: "Sabed: Que las Cortes Generales han aprobado, los ciudadanos de Catalunya han ratificado en referéndum y Yo vengo en sancionar la siguiente ley orgánica". Será la primera vez desde la restauración democrática de 1977 que el Alto Tribunal se pronuncia sobre una ley fundamental refrendada por los electores.


La expectación es alta. La expectación es alta y la inquietud no es escasa ante la evidencia de que el Tribunal Constitucional ha sido empujado por los acontecimientos a actuar como una cuarta cámara, confrontada con el Parlament de Catalunya, las Cortes Generales y la voluntad ciudadana libremente expresada en las urnas. Repetimos, se trata de una situación inédita en democracia. Hay, sin embargo, más motivos de preocupación. De los doce magistrados que componen el tribunal, sólo diez podrán emitir sentencia, ya que uno de ellos (Pablo Pérez Tremps) se halla recusado tras una espesa maniobra claramente orientada a modificar los equilibrios del debate, y otro (Roberto García-Calvo) ha fallecido.


De los diez jueces con derecho a voto, cuatro siguen en el cargo después del vencimiento de su mandato, como consecuencia del sórdido desacuerdo entre el Gobierno y la oposición sobre la renovación de un organismo definido recientemente por José Luis Rodríguez Zapatero como el "corazón de la democracia". Un corazón con las válvulas obturadas, ya que sólo la mitad de sus integrantes se hallan hoy libres de percance o de prórroga. Esta es la corte de casación que está a punto de decidir sobre el Estatut de Catalunya. Por respeto al tribunal –un respeto sin duda superior al que en diversas ocasiones este se ha mostrado a sí mismo– no haremos mayor alusión a las causas del retraso en la sentencia.


La definición de Catalunya como nación en el preámbulo del Estatut, con la consiguiente emanación de "símbolos nacionales" (¿acaso no reconoce la Constitución, en su artículo 2, una España integrada por regiones y nacionalidades?); el derecho y el deber de conocer la lengua catalana; la articulación del Poder Judicial en Catalunya, y las relaciones entre el Estado y la Generalitat son, entre otros, los puntos de fricción más evidentes del debate, a tenor de las versiones del mismo, toda vez que una parte significativa del tribunal parece estar optando por posiciones irreductibles. Hay quien vuelve a soñar con cirugías de hierro que cercenen de raíz la complejidad española. Esta podría ser, lamentablemente, la piedra de toque de la sentencia.


No nos confundamos, el dilema real es avance o retroceso; aceptación de la madurez democrática de una España plural, o el bloqueo de esta. No sólo están en juego este o aquel artículo, está en juego la propia dinámica constitucional: el espíritu de 1977, que hizo posible la pacífica transición. Hay motivos serios para la preocupación, ya que podría estar madurando una maniobra para transformar la sentencia sobre el Estatut en un verdadero cerrojazo institucional. Un enroque contrario a la virtud máxima de la Constitución, que no es otra que su carácter abierto e integrador.


El Tribunal Constitucional, por consiguiente, no va a decidir únicamente sobre el pleito interpuesto por el Partido Popular contra una ley orgánica del Estado (un PP que ahora se reaproxima a la sociedad catalana con discursos constructivos y actitudes zalameras). El Alto Tribunal va a decidir sobre la dimensión real del marco de convivencia español, es decir, sobre el más importante legado que los ciudadanos que vivieron y protagonizaron el cambio de régimen a finales de los años setenta transmitirán a las jóvenes generaciones, educadas en libertad, plenamente insertas en la compleja supranacionalidad europea y confrontadas a los retos de una globalización que relativiza las costuras más rígidas del viejo Estado nación. Están en juego los pactos profundos que han hecho posible los treinta años más virtuosos de la historia de España. Y llegados a este punto es imprescindible recordar uno de los principios vertebrales de nuestro sistema jurídico, de raíz romana: Pacta sunt servanda. Lo pactado obliga.


Hay preocupación en Catalunya y es preciso que toda España lo sepa. Hay algo más que preocupación. Hay un creciente hartazgo por tener que soportar la mirada airada de quienes siguen percibiendo la identidad catalana (instituciones, estructura económica, idioma y tradición cultural) como el defecto de fabricación que impide a España alcanzar una soñada e imposible uniformidad. Los catalanes pagan sus impuestos (sin privilegio foral); contribuyen con su esfuerzo a la transferencia de rentas a la España más pobre; afrontan la internacionalización económica sin los cuantiosos beneficios de la capitalidad del Estado; hablan una lengua con mayor fuelle demográfico que el de varios idiomas oficiales en la Unión Europea, una lengua que en vez de ser amada, resulta sometida tantas veces a obsesivo escrutinio por parte del españolismo oficial, y acatan las leyes, por supuesto, sin renunciar a su pacífica y probada capacidad de aguante cívico. Estos días, los catalanes piensan, ante todo, en su dignidad; conviene que se sepa.


Estamos en vísperas de una resolución muy importante. Esperamos que el Tribunal Constitucional decida atendiendo a las circunstancias específicas del asunto que tiene entre manos –que no es otro que la demanda de mejora del autogobierno de un viejo pueblo europeo–, recordando que no existe la justicia absoluta sino sólo la justicia del caso concreto, razón por la que la virtud jurídica por excelencia es la prudencia. Volvemos a recordarlo: el Estatut es fruto de un doble pacto político sometido a referéndum.


Que nadie se confunda, ni malinterprete las inevitables contradicciones de la Catalunya actual. Que nadie yerre el diagnóstico, por muchos que sean los problemas, las desafecciones y los sinsabores. No estamos ante una sociedad débil, postrada y dispuesta a asistir impasible al menoscabo de su dignidad. No deseamos presuponer un desenlace negativo y confiamos en la probidad de los jueces, pero nadie que conozca Catalunya pondrá en duda que el reconocimiento de la identidad, la mejora del autogobierno, la obtención de una financiación justa y un salto cualitativo en la gestión de las infraestructuras son y seguirán siendo reclamaciones tenazmente planteadas con un amplísimo apoyo político y social. Si es necesario, la solidaridad catalana volverá a articular la legítima respuesta de una sociedad responsable.