
Esta portada habría sido una más para los lectores habituales u ocasionales (como es mi caso). No me sorprendo al verla, sigue en la línea de la revista y no me parece en ningún caso denigrante. Habría pasado como una semana más, entre la infinidad de revistas del corazón y demás chorradas en los quioscos, aportando esa visión irónica y ácida de la sociedad que tanta falta nos hace. Por esta portada no creo que ninguno de los lectores se sienta ofendido ni se posicione contra la monarquía (más de lo que pueda estar).
¿Será que el juez Del Olmo es republicano? Ha llevado la imagen a las portadas de los informativos e incluso ha llegado a traspasar fronteras. Y ni hablar de la blogosfera, que reproduce por minutos la portada de los herederos de la Corona en una posición humana y natural.
¿Y no será también que el juez Del Olmo ha abandonado la busqueda de etarras y se ha hecho publicista? Ha conseguido una publicidad impagable para la revista, que revitalizará sus ventas treinta años después de su aparición, 1.573 números después. Ejemplares secuestrados se cotizan en las páginas de subastas de Internet, y las ventas de esta semana estoy seguro de que se dispararán.
Sea como sea, la escena (que no he visto pero me han contado en los quioscos) de la policía recorriendo las librerías y quioscos, secuestrando los pocos ejemplares que quedaban sin vender, es propia de los tiempos en blanco y negro y una patada dónde más duele a la libertad de expresión. Una censura inútil, anacrónica y arcaica que al menos (mirando el lado bueno) espero que sirva como combustible para cargar el ácido depósito de los dibujantes de El Jueves.